y mientras un calor empieza a invadir mi espalda y el sudor se desplaza pequeñito como una llovizna de seda unos golpecitos pequeños van marcando una tensión minúscula en los plieges de la cama.
uno aca y otro alla
un cosa tibia que se desliza con más habilidad que una sombra y es la minina metiéndose en la cama. y te oigo susurrar:
shhh despacito!
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